Capítulo 2. Imágenes.

El tiempo pasa. Y muy rápido. Por entonces, solíamos quedar una vez al mes o cada tres semanas, aproximadamente, haciendo una pausa más larga en verano.

Nos habíamos recorrido unos 4 moteles y cada encuentro era mejor que el anterior. Es mi «enemigo perfecto»: igual de caliente que yo, y siempre dispuesto a probar nuevas experiencias.

El primer vídeo lo grabamos a los pocos meses.

Cuando estaba casada, y mi relación era normal, solía enviarle fotos y vídeos subidos de tono a mi marido, sobretodo cuando le tocaba trabajar un domingo de mañana. Me gustaba alegrarle la jornada y sabía que en ese turno apenas tenía compañeros. Primero, iba la foto, frente al espejo del baño. Me quitaba la parte de arriba del pijama. El pantalón. Mis pechos se enfriaban y mostraban unos pezones duros, listos para ser saboreados. Dejaba caer mis braguitas, y mi dedo corazón señalaba el camino hacia mi entrepierna. Luego, iba el vídeo. Me agarraba un pecho, me daba una palmada en el culo, le ponía cara lasciva… «Dame más», me pedía. Comenzaba a masturbarme para él, primero con mis manos. Luego, con mi rabbit vibrador de Lelo, una marca de juguetería erótica de lujo. Él mismo me lo había regalado, cuando quisimos empezar a ponerle un toque más picante a nuestra relación. Me lo metía y le enseñaba mis fluidos, cada vez estaba más mojada. Y cuando estaba a punto, paraba y le decía: «Continuará cuando llegues a casa». Lo que venía después era un hombre asalvajado y deseoso de follarme hasta acabar corriéndose dentro de mí.

Con él, era diferente. Una, porque su nivel de deseo es mayor y otra, porque folla como los dioses… Además de que está mil veces más bueno, no lo voy a negar. Y con él puedo repetir, hace que encadene orgasmos deliciosos y me lleva a otra dimensión. Es verlo delante de mí y perderme, sólo quiero tenerlo dentro, sea por el orificio que sea. Y lo mejor: no me niega nada. Toda ocurrencia mía, por disparatada que sea, se convierte en realidad.

El primer vídeo fue en un motel. Todavía puedo verlo hoy en mi portátil, protegido con varias claves. Después, vinieron otros. Uno en el que aparezco con un sujetador de baile lleno de monedas y algún cascabel que sonaba con cada embestida. Lo suyo es un sexo salvaje, instintivo, pero al mismo tiempo suave, generoso.

Cada vídeo era más excitante que el anterior. Y hoy en día seguimos grabando nuestras escenas. Aunque hay ocasiones en las que el deseo es tal, que no me deja pensar en nada más que en ese paraíso que lleva dentro. Follar con él es un acto sublime.

Esos vídeos sirvieron de inspiración para una serie de dibujos. Y, en la cuarentena, sirvieron para aumentar mi nivel de deseo por él. No nos podíamos tocar, pero si ver, y las videollamadas masturbándonos ayudaban a hacer que la espera fuese más llevadera. Me encanta verlo excitado, con esa mirada oscura, que sólo piensa en una cosa…

Eché tanto de menos su sabor, su tacto, sus besos, su lengua, sus dedos, su polla…

Recuerdo también una serie de fotos y un par de vídeos de un día de verano, en mi almacén. Se corrió tres veces: una, en mi coño. Otra, en mi culo. Y otra, en mi boca. El vídeo de la corrida en mi culo era inspirador, es un orgasmo tan intenso… Con él perdí la virginidad anal. Aún puedo sentir su leche derramándose en el suelo y el calor recorriendo la apertura del ano. Recuerdo atarlo a una silla y chupársela con ganas. Sacar una ráfaga de fotos y ver cómo cambia su expresión. Agarrarle de las piernas y succionar su glande…

Continuará…

4 Comentarios

  1. Avatar de venusonia80 venusonia80 dice:

    J., como supondrás, he tenido que ir a por «platanito». Te echo tanto en falta…

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    1. Avatar de J. J. dice:

      Espero poder haceros compañía pronto 😋

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      1. Avatar de venusonia80 venusonia80 dice:

        La compañía fue más que grata 😽

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