Capítulo 3. El jefe.

Y llegó la pandemia. La era covid.

Ya por entonces, había decidido que tenía que marcharme de casa. Me puse fecha: la semana anterior a semana santa tendría que estar fuera. Pero el gobierno decidió confinarnos el 13 de marzo. Tuve que aprender a convivir 24 horas con alguien a quien ya no quería ver y el cual me hacía la vida imposible, y no había escapatoria. Ni trabajo, ni sexo, como terapia.

Él se convirtió en algo así como mi amigo confidente. Habíamos pasado un largo encierro pandémico sin tocarnos. De vez en cuando, nos enviábamos vídeos masturbándonos, o hacíamos alguna vídeollamada. En ocasiones se me daba por contarle cómo me sentía o lo que había hecho durante el día. Pasaba el tiempo y las ganas de sentirlo crecían exponencialmente.

Mi marido dormía hasta mediodía y mi hija solía hacer deberes o alguna que otra actividad manual. Yo intentaba estar ocupada, pero me levantaba cachonda y me dormía mucho más caliente. Los momentos de alivio eran pocos: en la ducha o cuando hacía escapadas a mi local con el fin de recoger facturas. Nadie me tocó en esos tres meses. Mi celibato forzoso seguía en pié.

En ese tiempo, propuse una especie de intercambio: él me hacía algo con sus manos (son de oro, en todos los sentidos) y yo algo con las mías. Sólo tenía que madrugar un poco para estar sola. Encendía el portátil y visualizaba los vídeos grabados por nosotros. Su polla gruesa entrando en mi coñito, una y otra vez. En mi boca, devorando con ansias. Encima, debajo, detrás. Los deliciosos recuerdos pasaron a ser fuente de inspiración para unos dibujos. Hice una serie de fotos y me autoretraté en pleno momento de onanismo. Cuando volvimos a vernos, me entregó la caja más bonita que tengo, pero mis dibujos siguen escondidos en una carpeta, en el almacén, bajo unas cajas para evitar ser vistos. El deseo seguía intacto, tuve orgasmos muy intensos y consecutivos.

Llegó el verano, y se complicó el poder vernos. Mi mes de julio fue intenso de trabajo.

A mediados de agosto, mis amigas plantearon una pequeña escapada a la ciudad donde vivía él. Era fin de semana, y el domingo muy temprano decidimos que íbamos a tocarnos, después de semanas sin hacerlo. ¡Qué ganas le tenía! Lo necesitaba más que nunca. El sexo tiene ciertas propiedades terapéuticas, consigue que te olvides de todo durante un tiempo. A mí me ayudó a empoderarme, a verme mejor, la infidelidad me cambió la vida. Hoy día, no me arrepiento de nada. Fue una suerte haberle conocido. No tengo demasiada experiencia pero creo que con él todo funcionaba bien. Y sigue siendo increíble.

Era el mes de vacaciones se su encargado y él se quedó cubriendo el puesto, lo cual me lanzó a fantasear con la idea de follarme al jefe. Hay ciertas situaciones en las que el poder resulta excitante. Comencé a tratarle de usted y a imaginarnos situaciones picantes en las que el el jefe me premiaba por mi buena actitud (es algo que da mucho juego). Estaba deseando follarle en su oficina, a plena luz del día, me encantan las situaciones de riesgo y me da mucho morbo. Lugares públicos e insospechados donde dar rienda suelta al deseo intentando no ser vistos.

Llegó el domingo y me estaba esperando en el portal del piso de Air BNB en el que me alojaba con mis amigas, un cuarto de hora antes de lo acordado. El día anterior no podía sacármelo del pensamiento. Cada rincón que visitaba era objeto de pensamientos obscenos. «En esa fuente follaríamos con muchas ganas, lo tumbaría en esa mesa de piedra y me lo comería hasta que su polla explotase de placer en mi boca …». Así estaba mi cabeza. Apuré mi café y bajé rápidamente a encontrarme con «mi jefe». Qué delicia de hombre, es verlo a metros y mojarme. Mi cerebro (y mi coño) ya se estaban anticipando a lo que ocurriría a continuación. La señorita S tenía ganas de complacer a su señor.

Estaba en actitud dominante en esa ocasión. No es que me guste que me dominen siempre, me gusta el cambio de rol. Cuando me preguntan por ello, no sé qué responder. No es algo concreto, es dejarse llevar por el momento. Hacer lo que nos pida el cuerpo. Follar cómo sea y donde sea, la cuestión no es la actitud o una posición. Eso, en nuestro caso, viene dado por la persona. La clave está en ser creativos, y el sexo inspira. No podría negarme a ninguna de sus propuestas y él tampoco se ha negado nunca a mis disparates.

Llegamos a «su oficina». Cerró la puerta y sólo recuerdo sensaciones: sus labios, su lengua, su calor, su polla dura. Esa mirada oscura en los ojos más bonitos, sus dedos jugando dentro de mis bragas. Todo pasó tan rápido, había tantas ganas… De rodillas, saboreé su polla con devoción. Me dio la vuelta y me folló con ganas, duro, salvaje, como una fiera. Mi coño llevaba semanas deseando ese momento. La primera vez que entra en mí es un acto sublime, se resbala y ya se sabe el camino, sólo hay uno: placer, y, a pesar de todo, es muy fácil perderse. Yo lo hago. Siento, huelo, saboreo, toco, veo, todos los sentidos están enfocados en ese momento. Me dejo llevar a un mundo aparte en el que sólo se permite el placer, el que él me da.

Quiero que me folle en la mesa, y nos dirigimos a ella. Me lame, me devora, me encanta sentir su lengua jugando en mi clítoris.

Allí estirada sobre la mesa, empieza a follarme. Estoy cerca del orgasmo, puedo notarlo. Grabamos ese momento, cuando, de espaldas a él, levanto una pierna y la apoyo sobre la mesa mientras él no para de penetrarme. Qué delicia… No puedo frenarlo, es como un impulso eléctrico que recorre mi cuerpo, es muy intenso. Intento no gemir (la oficina está pegada a unas casas) pero me está resultando complicado. Quiero que me llene con su leche, que no pare, lo quiero todo. Noto los chorros de su leche caliente invadiendo mi coño, es un contraste delicioso. Se separa y un pequeño reguero de semen se escurre por mi pierna.

No hay tiempo para más, pero quiero otro, tengo más ganas de él, no me canso de follármelo. Y consigo que se corra en mi boca.

De vuelta en el piso, mis amigas siguen dormidas. Se piensan que quedé con unos amigos para ir a desayunar juntos. No se fijaron en que mi buen humor habitual era mucho mejor que el día anterior.

Ya de vuelta en casa, recojo a mi hija en casa de la abuela y vuelvo a «mi cárcel». Lo bueno siempre dura poco. Pero no tardaría en cambiar la situación.

2 Comentarios

  1. Avatar de J. J. dice:

    La mesa me ha dicho que quiere más 😋

    Le gusta a 1 persona

    1. Avatar de venusonia80 venusonia80 dice:

      Dile a la mesa que se prepare, porque yo también lo estoy deseando 😈

      Me gusta

Replica a J. Cancelar la respuesta