Deseo

Deseo volver a tener una noche de pasión. Sentir el placer de darlo todo sin prisas, a pesar de que me encanta la locura de los encuentros furtivos. Deseo despertar en mitad del sueño y ver a mi amante, observar su respiración, su sueño relajado. Poder acariciar su cara mientras duerme y demostrarle lo mucho que me pone. Deslizar una mano desde sus labios, besarlos despacio, notar su aliento. Sentir su pecho, mi mano se abre abarcándolo todo. Llegar a la cintura, destapar un poco y jugar con su ombligo. Mi mano recorre la cinturilla elástica de unos boxer de algodón, suaves y finos, para poder sentir mejor ese tesoro que retienen. Deseo darle libertad a esa polla que se endurece con mis caricias por encima de la tela.

Mi boca tiene sed de él. De sus labios, de su lengua. De su sexo.

Mi rostro se aproxima a su cuello, desde su boca. Ansío devorar cada uno de sus rincones, disfrutar de ese cuerpo que tantas posibilidades tiene.

Baja hasta el pecho y sigue besando su anatomía. Me encanta el olor a hombre en plena noche tras un breve descanso. Aspiro esa esencia mientras me acerco a la cintura, donde mi mano sigue jugando.

Me recoloco, mi lengua acaricia su entrepierna. Deslizo esa goma que retiene a mí fuente de placer, muy lentamente. El miembro erecto trata de escaparse de su prisión, tiene ansias de mi lengua….y mi lengua de él.

No quiero que se mueva, quiero gozar de esa delicia que tiene entre las piernas. La lengua juguetea con el glande, lo recorre en todo su diámetro. Lo besa, lo chupa, lo necesita…

El deseo crece, es irrefrenable. Mi boca se folla lentamente a ese ser tan irresistible. Se retuerce de placer y se le escapa un gemido.

«Joder, qué boquita tienes…Así, nena. Sigue. Chúpala entera…»

No quiero parar, pero mi sexo húmedo quiere un poco de su esencia.

Paro, me incorporo, trepo hasta su boca, me siento en ella.

«¡Lámeme! Cómeme con ganas…»

Mis caderas se mueven ligeramente con cada lametón. Mis manos agarran su pelo, no quiero que pare. Me gusta demasiado, estoy muy caliente. Empiezo a sentir un pequeño temblor, una sensación deliciosa. Sin freno, el orgasmo es inminente. Crece, se apodera de mí. Un chorro sale de mi coño y lo inunda todo. Moja su cara, sus labios, pero no puedo pararlo. Me estoy corriendo con su boca. Me quedo temblando…

Pero quiero más, quiero su polla dentro de mí.

«Fóllame. Quiero más de ti… No me aburriría nunca de sentirte».

Me gira, me pone a cuatro patas y me folla duro. Fuerte. Salvaje. Está muy excitado y el squirt que acaba de recibir no ha hecho más que aumentar su deseo.

«¿Quieres mi lechita en tu coño?»

«Quiero que me llenes….».

No puedo evitarlo, cuanto más cachondo está él, más me pongo yo. Un segundo orgasmo se avecina, quiere recibirlo. Ufffff. Oleadas de placer me invaden, notan cómo se tensa, su respiración se agita, gime… Me llena de ese líquido maravilloso y caliente que rebosa por fuera mientras me corro con él.

Siempre me deja satisfecha…

Nos duchamos, limpiarnos todo, cambiamos las sábanas y retomamos un merecido descanso.

Sabe que, por la mañana, volveré a reclamarle. No me cansaré nunca de poseerlo.

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