Quiero atarte. Sujetarte a una silla bien firme, no podrás atacarme desde ahí. Quiero encender tu deseo y ver cómo se te oscurece la mirada.
Frente a ti, colocaré otra silla. La mía. Pero yo no estaré atada, seré libre para hacer lo que quiera. Y en estos momentos, me apetece «torturarte».
Para la ocasión, habré escogido un vestido corto, de vuelo, combinado con un liguero y unas bonitas medias de blonda. No me apetece llevar ropa interior, así que, durante el camino a nuestro destino, te diré que no llevo nada por debajo pero que tienes totalmente prohibido tocarme. Y más te vale obedecerme.
Comienza el juego. Sólo de pensarlo, ya me he excitado y noto mi coñito húmedo y anhelante. Tiene ganas de ti, de tu lengua, de tu polla… Pero tendrá que esperar.
Levanto una pierna. Mi mano se desliza por la parte interna de mi rodilla y sigue subiendo. Roza mi sexo y me estremezco. Qué ganas tengo…
Despacio, muy despacio, subo el vestido y te enseño lo que hay por debajo. Como puedes ver, estoy bien mojada. Meto un dedo en mi coño rasurado, el corazón, y jugueteo con mi clítoris, moviéndolo a ambos lados muy rápido. No puedo evitar arquear la espalda y soltar un gemido. Mi dedo se introduce por la raja y se abre camino. Le siguen dos, y hasta tres dedos en movimientos rítmicos, ascendiendo y descendiendo. Acelero. Se escuchan mis propios fluidos al contacto con mi mano. Paro.
Te deseo tanto…
Tu polla dura y gruesa se deja notar bajo un pantalón de chándal. Hay pocos hombres a los que le sienten tan bien ese tipo de prendas, pero a ti te queda de vicio. Me encanta tener un acceso rápido a tu entrepierna, y notar la erección con sólo pasar mi mano. Poder bajar la goma de la cinturilla y dejar libre esa delicia que tienes entre las piernas. Pero todavía no es el momento.
Me he traído mi vibrador amarillo, ése que me regalaste hace algún tiempo. Mi favorito. Me recuerda a ti y por eso me ha arrancado tantos orgasmos. Lo enciendo y subo un poco la intensidad. Jugueteo con él entre mis labios. Ummmmmm. Un pequeño temblor de placer hace que lo separe. Aún no es el momento… Lo meto un poco más. Y más. Lo saco. Lo agito rítmicamente.
«En un ratito, tu polla sustituirá a mí juguete. Y lo sabes…»
Ya muy excitada, decido caminar a gatas hacia su entrepierna. Miau… Dejo el consolador a un lado y sin retirar mis ojos de los tuyos, me acerco muy despacio. De rodillas frente a ti, acaricio tus piernas en movimiento ascendente, desde el tobillo hasta la ingle. Se me hace la boca agua, no puedo más, necesito probarte.
Comienzo a tirar hacia abajo, viendo cómo la goma se escurre y deja entrever el vello púbico. Falta poco para llegar al paraíso entre tus piernas.
Tu polla puja por salir de su escondite, dura, gruesa, jugosa… Unas gotas de líquido seminal se escurren al descubrirla. No puedo evitar pasar mi lengua alrededor. Es tan delicioso verte así…
Jugueteo con mi boca, presionando el glande con mis labios, paseando mi lengua alrededor en movimientos circulares. Chupo, saboreo, arriba-abajo, despacio. Hasta el fondo. Más rápido. Tengo mucha hambre de ti, no puedo parar.
Pienso en soltarte así, bien caliente, arrodillada ante ti después de una deliciosa tortura.
Pero no. Recojo el vestido, abro mis piernas y me siento despacio. Uffffffff. Es increíble el tremendo placer que se siente cuando te tengo dentro en una primera penetración. Qué delicia! Quiero quedarme así quieta unos segundos, mientras te como la boca con avidez. Me excito. Me muevo. Reboto entre tus piernas, cabalgando sobre ti, sintiendo cómo entra…
«¿Y ahora, quieres que te suelte?»